La postura ideal: ¿es una utopía?
“¡Sentate derecha! Yo no entiendo cómo es que bailás tan derechita y después te sentás así, toda enredada”. No sé cuántas veces le escuché decir eso a mi madre, sobre todo durante mi adolescencia, ese momento incómodo en el que el cuerpo crece a una velocidad y forma desproporcionadas. Y debo decir que mi madre, como muchas otras veces en la vida, tenía razón: mi postura era fatal. Toda la conciencia y alineación que lograba en la clase de danza y en el escenario, con mucho esfuerzo y trabajo, colapsaba en mi vida cotidiana.
En la clase estaba modo princesa, pero bastaba poner un pie fuera del salón para convertirme en un fideo caído del colador… Nunca jamás tenía una pose normal para sentarme a comer; y parada, siempre terminaba colapsada sobre mis lumbares o inclinada hacia un costado. ¿Por qué me pasaba eso a mí —y me atrevo a decir, a muches bailarines y no bailarines, y básicamente a todes les adolescentes?
Porque la postura es algo dinámica. No es algo que se consigue una vez y queda fijo para siempre, sino algo que se alimenta y se actualiza según el contexto y las demandas del momento. Y si hay un gremio que pone a prueba la postura constantemente, ese es el de les bailarines, con posiciones tan bellas como extremas. Entonces… ¿Es posible tener buena postura y llevar la patita a la cabeza al mismo tiempo? Por supuesto. Solo hay que preguntarse cuál es la postura correcta en esa posición, y si es —o no— la misma que usamos al estar sentades, por ejemplo.
¿Y hacer una coreografía contemporánea enroscade sobre une misme, casi de forma contorsionista, y tener buena postura? Bueno… si bien esa posición puede no ser “alineada” en el sentido tradicional, no significa que no podamos retornar luego a una postura funcional y saludable que cuide nuestro cuerpo.
Así que, antes de adentrarnos en las problemáticas específicas de la danza, empecemos por el principio: ¿Qué significa realmente tener buena postura? ¿Sentarse derecho? ¿Sacar el pecho y verse prominente? No necesariamente…

La postura es la posición en la que el cuerpo se mantiene en el espacio, ya sea en reposo o en movimiento.
Desde la biomecánica, Kapandji define la postura ideal como aquella en la que el cuerpo está alineado de forma tal que se minimiza el estrés en los tejidos, se mantiene el equilibrio sin esfuerzo excesivo y se favorece la eficiencia del movimiento. Este modelo funciona como una referencia funcional: nos guía en la organización corporal, pero no necesariamente representa una forma estética fija o una meta permanente. En PBT entendemos que el control del centro y el trabajo postural son las bases de la técnica. Por eso es el primer aspecto que abordamos tanto en los workshops como en las clases.
Ahora bien, me gustaría detenerme en la palabra “ideal”. El término proviene del plano de las ideas, del concepto platónico: algo perfecto, abstracto, que rara vez se manifiesta tal cual en la realidad.
Y quienes nos dedicamos al movimiento sabemos que no existe el cuerpo ideal, sino cuerpos reales, con historias, particularidades y posibilidades diferentes. Y también sabemos que negociar entre las ideas, las exigencias de la perfección y la realidad puede ser un desafío.

: Podemos observar alineaciones funcionales, patrones eficientes y promover una organización corporal que permita moverse con fluidez, seguridad y potencia. Algunos puntos clave son:
La relación cráneo-pelvis:
la pelvis debe estar alineada (ni en retroversión ni en anteversión excesiva), y el cráneo, alineado sobre esa base.
La cabeza adelantada o el sacro colapsado alteran la organización general del cuerpo y su eficiencia.
La diferencia entre postura estática y dinámica:
La postura puede observarse en momentos de quietud —como en un balance o al estar sentades—, pero también se manifiesta en movimiento.
Y es justamente en movimiento donde mantener una buena postura se vuelve mucho más complejo.
Por eso, les bailarines necesitan desarrollar una conciencia postural sólida para adaptarse a diferentes estilos, exigencias técnicas y escenarios sin comprometer su salud.

Podría escribir páginas y páginas sobre este tema, pero vamos a centrarnos en cuatro de los errores posturales más comunes que vemos últimamente:
Pero eso no significa que no podamos realinearnos y cuidar el cuerpo después.
Con ejercicios adecuados de movilidad, alineación y conciencia —como los que trabajamos en las Clases de Recuperación — es posible restablecer el equilibrio y sostener una práctica de danza más sostenible en el tiempo.

La postura no se impone, se construye. Y para eso necesitamos algo más que voluntad: necesitamos conciencia, consistencia y herramientas adecuadas.
Algunas claves fundamentales son:
Concientizar la respiración: aprender a respirar con libertad y profundidad es clave para organizar el torso, liberar tensiones innecesarias y activar el core.
Fortalecer los tejidos profundos: músculos estabilizadores y del centro, para sostener la postura en diferentes contextos.
Movilizar activamente: para preservar las curvas naturales y evitar rigideces o rectificaciones.
Y sobre todo… concientizar. El primer paso siempre es notar.
Para acompañar este proceso, contamos con recursos como las pelotas de PBT, que favorecen la alineación y el fortalecimiento funcional, y herramientas como el Backalast, que estimula una mejor organización postural y favorece la respiración.

Está claro: la postura ideal no existe como estado permanente.
Aun así, trabajar en nuestra postura es una base esencial para la salud, ya sea que te dediques a la danza… o a la computación.
La clave está en contar con herramientas que nos ayuden a cultivarla, y sobre todo, en aprender a habitar nuestro cuerpo con atención, respeto y disfrute.
By Constanza Belgareto
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